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Geología y Montaña

Viaje a Marruecos: verano de 2006

30 Septiembre 2009, 14:13pm

Publicado por Joaquín García Sansegundo

El relato de éste viaje hace tiempo que se encuentra en el blog de mi amigo Gelu. Todas las anécdotas y aspectos divertidos, podréis encontrarlos allí, por lo que en éste blog, me ceñiré a relatar e ilustrar los aspectos que tiene más que ver con los ambientes naturales y, en especial, con la geología.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

28 de julio

El viaje a Marruecos que nos llevará hasta el Sahara, los realizamos nueve miembros de un equipo constituido por Oscar, Gelu, Javi Arnau, Javi Muñiz, Miguel, Fernando y yo mismo, en tres coches todo terreno, dos de los cuales se encontraban en las últimas, lo que le dio una cierta emoción añadida al viaje. Salimos de Gijón el 28 de julio de 2006 y llegamos a Ceuta al día siguiente.


29 de julio

Desde la frontera Hispano-Marroquí, nos dirigimos hacia Ketama. Atravesamos una zona dominada por escarpadas montañas, en su mayoría calcáreas, atravesadas por fértiles y profundos valles (oueds). 

Las cumbres que se levantan a nuestros lados superan los 2000 m, por lo que dada la proximidad al mar de las mismas, le confieren al paisaje un aspecto agreste. Así, atravesando estos parajes, y muy fatigados por la jornada anterior, llegamos a Chechouen, localidad con un marcado ambiente musulmán, situada en mitad de una ladera de una montaña que alcanza los 2050 m de altura, con fuertes pendientes y constituida por calizas mesozoicas.

Mapa Estructural de Marruecos [3] con la situación de los cortes geológicos presentados más adelante (izquierda: Alto Atlas y Ouarzazate; derecha: Midelt y Er-Rachidia). Amarillo: Cenozoico; Verde: Cretácico; Azul: Jurásico; Rosa: Permo-Tríasico; Granate, marrón y gris: Precámbrico y Paleozoico..
Mapa-Geologico-Marruecos---Cortes.jpg Pincha sobre el icono para ver el mapa a tamaño original.


30 de julio

Desde  Chechouen tomamos la carretera del sur, pero, en vez de dirigirnos a Ouezzane, tomamos la pista situada al Este que nos llevó al corazón del Rif. En el trayecto hasta Zoumi, atravesamos una zona montañosa y agreste en la que dominan rocas pizarrosas y algunas gruesas capas de caliza, que se utilizan para hacer escolleras en las carreteras. Abundaban los olivos, pinares y eucaliptos (diferentes a los que habitualmente se ven en España). Una vez en Zoumi, creíamos haber tomado ya la carretera general P26, sin embargo, los kilómetros de pista se hacían interminables.

Pensamos que, posiblemente, al construir la presa sobre el Oued Ouerrha, la antigua carretera quedó bajo las aguas y la actual todavía está sin asfaltar. En la presa antes mencionada se encuentran unas instalaciones militares, por lo que está prohibido tomar fotografías en toda la zona, si bien la de la izquierada nos la sacó un soldado que se encontraba haciendo guardia en ese sitio.

Los últimos kilómetros hasta Fez, ya los hicimos sobre la carretera asfaltada. En este último tramo la vegetación era exuberante y, aparte de los árboles antes indicados, pudimos observar algarrobos, una variedad de enebro, entre otros. A pocos kilómetros de la ciudad se pueden ver sus murallas y torres. Los magníficos monumentos evocan la marca histórica de la ciudad que es centro religioso y cultural de Marruecos, donde musulmanes y cristianos de toda Europa realizaron y realizan sus estudios, no en vano es una de las cuatro ciudades imperiales de Marruecos. Lamentablemente, y pese a que nos habían hablado de su magnífica medina, llegamos a Fez muy tarde y no pudimos visitar la ciudad, por lo que nos fuimos directamente a un camping situado en las afueras, en la ruta de Sefrou. El hecho de haber viajado hasta Fez por la carretera oriental nos alejó del Parque Nacional de Ifrane, donde pueden ser observadas dos joyas naturales, a saber: los cedros del Atlas y los monos de Berberia.

31 de julio

Salimos temprano del camping de Fez en dirección a Sefrou. Unos kilómetros al sur el relieve se torna cada vez más importante, encontrándose la zona dominada por calizas parduscas del Liásico suavemente plegadas: estamos en el denominado Atlas medio o Atlas plegado.
La carretera atraviesa las calizas formando pequeños desfiladeros, en un paisaje donde la vegetación ya comienza a ser escasa. 

Paramos saliendo ya del Atlas medio, en el cruce de la carretera que lleva a Missour, pues varios miembros del grupo creen encontrarse ya en pleno desierto. Yo les explico que aún nos queda por atravesar la parte más importante de la cordillera del Atlas, que las precipitaciones anuales de la zona en la que nos encontramos están muy por encima de los 100 mm/año requeridos para considerar desierto a una región y que, en definitiva, aunque la vegetación ya escasea, todavía se observan numerosos arbustos. No muy conformes con la explicación continuamos al sur, hasta llegar a Zeida.

Entre Zeida y Midelt, se encuentra la llanura aluvial del Oued Moulouya, un largo río que parte desde el Alto Atlas hacia el NE, para desembocar en el Mediterráneo, al este de Melilla. La zona se encuentra ocupada por arcillas rojas y areniscas terciarias, subhorizontales, posiblemente sinorogénicas con la formación de la cordillera atlásica. Nada más pasar la población de Midelt, penetramos en el Alto Atlas, donde nuevamente vuelven a dominar las calizas pardas, suavemente plegadas y se observan fallas normales, responsables de la extensión mesozoica, que sufrieron inversión tectónica durante el Cenozoico, dando lugar a la formación de la Cordillera del Atlas. A varios kilómetros de entrar en el Alto Atlas, la carretera discurre a lo largo del Oued Ziz, que nace en esta cordillera y se dirige hacia el Sur. En esta región montañosa, el río todavía lleva abundante agua, de manera que en sus orillas crecen palmeras y otros arbustos, que contrastan con las laderas desprovistas de vegetación. Ya saliendo del Alto Atlas, la carretera bordea por el Oeste el embalse de Hassan Addakil, hasta salir a una zona en la que se observa perfectamente el frente meridional del Atlas, caracterizado por la presencia de un anticlinal desarrollado en las  calizas liásicas, que cabalgan sobre una zona llana, ocupada por rocas cretácicas  y cenozoicas.

A los pocos kilómetros alcanzamos la localidad de Er-Rachidia, con una construcción de marcado estilo sahariano, pero que se nos antoja mucho más rica que las visitadas anteriormente. Creemos que la influencia del turismo puede tener que ver en el mejor porte de la ciudad. Seguimos camino hacia Erfoud, siguiendo el curso del Oued Ziz que todavía lleva agua. Es verdaderamente espectacular observar como la llanura aluvial de este río es un auténtico oasis, con abundantes plantaciones de palmeras datileras en el primer nivel, árboles frutales en el segundo y otros cultivos, que no pudimos determinar, en el tercer nivel. Contrastando con los oasis, las laderas de los tassilis (pequeñas mesetas) se presentan casi totalmente desprovistas de vegetación. Llegamos a Erfoud de noche y con los coches averiados (a uno le fallaba el alternador de corriente y el otro tenía los amortiguadores traseros inservibles), así que decidimos alojarnos en un hotel.

Corte geológico entre Midelt y Er-Rachidia realizado por Teixell et al (2003) [2].


1 de agosto

Estuvimos toda la mañana, para arreglar los coches, tras cuya reparación, nos dirigimos a Merzouga, donde existen formaciones de arena. La carretera discurre a lo largo del cauce del Oued Ziz, pero el agua de este río ya es prácticamente inexistente. La razón de este hecho consiste en que los ríos de la vertiente meridional del Atlas, se pierden en el desierto y no alcanzan el mar, quedándose las aguas fluviales alojadas en los acuíferos de rocas mesozoicas y paleozoicas que constituyen el sustrato del Sahara. 

El camino discurre ya por un reg o desierto pedregoso, caracterizado por una planicie de cantos con caras facetadas por el viento (ventifactos) y cubiertos por una película negra llamada laca del desierto (se trata de una cubierta de manganeso que se forma sobre los ventifactos, por actividad microbiana).

A nuestro paso por Rissani observamos multitud de ruinas, algunas de las cuales corresponde la Sidjilmassa, que junto con Ghadamés (Túnez), constituyen las capitales caravaneras del Sahara septentrional, a las que llegaban principalmente  oro, sal y esclavos desde el Sahel.

 

Cuando se está llegando a Merzouga, ya se puede observar al fondo el erg (mar de arena) que se encuentra al SE de esa localidad. Los árboles que de cuando en cuando se pueden encontrar son los tamarix, árboles endémicos, adaptados a condiciones de extrema sequedad. Los dromedarios aprovechan para comer algunos grupos de gramíneas que se pueden encontrar entre los cantos y las arenas. En Merzouga, pernoctamos en una kasbah construida junto al erg.
Una vez duchados, nos fuimos a dar un paseo en  
dromedario por las dunas, con la intención de ver el atardecer. 

Nos adentramos en el erg donde se puede observar como las dunas remontan los suaves relieves del Antiatlas. A veces se observa un afloramiento de rocas sobresalir entre las dunas o un tamarix, medio cubierto por la arena. Al final de nuestro viaje en dromedario, subimos a pie a lo alto de una duna desde la que se divisa una buena parte del desierto: a lo lejos, al final del erg, se extiende un amplio reg tras el cual se divisa una sebkha (laguna salada); en el horizonte, al Sur y al Este, se adivinan las escarpadas laderas de las grandes hamadas (grandes mesetas) de Argelia.

2 de agosto

Partimos desde Merzourga hacia el Oeste, pasamos nuevamente por Rissani y, de allí, hacia Alnif. La zona corresponde al Antiatlas, una región con escasa vegetación dominada por montaña media, es decir, lo que en lengua berebere se denomina adrar o, en  árabe, djabel. Las rocas aflorantes corresponden a gruesas capas de calizas con corales, areniscas, pizarras paleozoicas y algunas intercalaciones de rocas volcánicas; todo el conjunto se presenta deformado por suaves pliegues de escala kilométrica. Son abundantes los tamarix y, en las zonas húmedas, se observan numerosos palmerales. Llegando a la localidad de Alnif se pueden reconocer los efectos de la riada de mayo de éste mismo año: se observan casas arruinadas, múltiples palmeras rotas y amplias zonas recubiertas por barro seco con grietas de desecación.

Desde Alnif, tomamos la carretera sin asfaltar que se dirige hacia el NO, a Tinerhir. El paisaje sigue siendo un djabel y la geología no varía demasiado de la observada en la primera mitad de la jornada. Llegamos de noche a El-Kelaa Mgouna, donde habíamos reservado la kasbah de Itrán para alojarnos dos noches.

3 de agosto

La kasbah de Itrán se ubica en un alto situado en el centro de un meandro del Oued Gouna, cuyo curso de agua es visible a unos 50 metros por debajo de la kasbah. A ambos lados del oued se extiende una llanura aluvial totalmente cultivada. Las laderas del Oued Gouna son escarpadas y desprovistas de vegetación.
Salimos de la kasbah de Itrán por la mañana temprano, para visitar las gargantas del Dadés y de Todra. Al llegar a Boumaine, tomamos la ruta que conduce al Norte. 

 Al principio la carretera atraviesa una zona de montaña baja, ocupada por rocas sedimentarias cenozoicas, consistentes en conglomerados, areniscas y lutitas rojas. Se reconoce una unidad inferior con elevados buzamientos hacia el Sur, cubierta discordantemente por otra unidad, de similar litología, pero suavemente inclinada hacia el Norte. Estos materiales cenozoicos corresponden a la sedimentación sinorogénica ligada al antepaís meridional de la cordillera del Atlas. Una vez atravesados estos terrenos entramos en las calizas liásicas, de color gris, de grano fino y con evidentes superficies de estilolitización. 

Las capas de las calizas liásicas se encuentran plegadas por un sinclinal: en la margen izquierda de la garganta del Dadés, las capas están subhorizontales, mientras que en la derecha se encuentran inclinadas hacia el río (SE). La garganta es impresionante, el río se encaja en las calizas dando lugar a unas laderas calcáreas muy inclinadas, mientras en el fondo del valle se extiende una llanura aluvial estrecha, pero intensamente verde gracias a los cultivos. Hacia el Norte, terminan las calizas y el paisaje pasa a ser dominado por lutitas y margas. A nuestra llegada a Msemir, decidimos cruzar por una pista hacia el Este, para alcanzar la garganta de Todra. 

Al principio, la pista hacia la garganta del Todra discurre por un estrecho valle y poco a poco asciende hasta llegar a una cota de unos 2700 m. Cuando arribamos a Tamtattoucht ya caía la tarde y, al llegar a las gargantas del Todra, ya era noche cerrada.

4 de agosto

Salimos temprano de la kasbah de Itrán en dirección a Marrakech. Llegamos a Ouarzazate, a partir de cuya localidad la carretera asciende hacia el Alto Atlas y pasa entre las cimas más importantes de la cordillera. Al Oeste de la carretera se eleva el techo del Atlas, el Djabel Toubkal de 4165 m, mientras que al Este, se encuentra el Irhil M’Goun de 4071 m.

Como el día anterior, primero se atraviesan unos terrenos cenozoicos de lutitas rojas, areniscas y conglomerados, tras lo cual se comienza a subir un importante puerto. A medida que la carretera asciende, a diferencia de días anteriores, se atraviesan capas esencialmente pizarrosas del Triásico, Paleozoico y Precámbrico, con mayor deformación que la observada en las regiones más orientales. Parece claro que, en este sector, donde la cordillera del Atlas alcanza sus máximas alturas, las estructuras geológicas exhuman rocas más profundas y más antiguas.


Corte geológico por el Alto Atlas y Ouarzazate, realizado por Teixell et al (2003) [2].

5 de agosto

Este día fue empleado en visitar la ciudad de Marrakech. Esta ciudad, junto con Fez, Meknés y Rabat es otra de las ciudades imperiales. Se cree que la ciudad fue fundada por los Almohades, en siglo XI, donde instalaron la capital, si bien los Almorávides ya habían situado aquí un campamento. Marrakech  es una gran ciudad, de más de un millón de habitantes que, debido a su marcado carácter, llama poderosamente la atención a cualquier visitante europeo que se acerque a ella. Lo primero que hicimos en Marrakech fue acercamos a la Plaza de Jemaa el Fna y el zoco adyacente a ella. Las calles son estrechas, angostas, llenas de puestos en los que se vende de todo; asimismo, las calles se encuentran cubiertas por un entramado de cañas que impiden el paso de los rayos del Sol. 

Durante todos los días que estuvimos viajando por el Atlas y el Sahara, no logramos encontrar ningún representante de la fauna salvaje marroquí, salvo algún escarabajo de aspecto extraño para nosotros; sin embargo, en Marrakech uno puede encontrar saurios como el uromastix, con su cola de anillos espinosos, o una variedad de varanus endémica del Sahara; naturalmente, todos estos animales se encuentran metidos en jaulas. En la Plaza de de Jemaa el Fna, grupos de encantadores de serpientes arman un tremendo escándalo con sus tambores y flautas haciendo bailar a las cobras.

6 a 9 de agosto

Salimos de Marrakech con la intención de intentar llegar a Ceuta ese mismo día, no sin antes visitar Casablanca y Rabat. Así lo hicimos, si bien una avería de un coche nos obligó a pasar una noche en Kenitra, por lo que hasta el día 9 por la tarde no llegamos a Gijón.

Bibliografía

[1] Julivert, M. (2003): El Sáhara: tierras, pueblos y culturas. Universidad de Valencia, Servicio de Publicaciones, 410 pág.

[2] Teixell, A.; Arboleya, M.L.; Charroud, M. & Julivert, M. (2003): Tectonic shortening and topography in the central High Atlas (Morocco). Tectonics, 22: 601-613.

[3] Saadi, M.M.; Kerbid, M.M.; Bensaid, M.M., Khetouch, M.M. et Bouhaouli, M.A. (Eds.) (1982): Carte Structurale du Maroc. Service Géologique du Maroc.

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Ava Gardner | sexshop 01/05/2012 18:44

como dicen los comentarios es un blog genial

Victor | conocer gente 11/10/2011 11:53


emocionante tu blog, me encanta leer blogs de viajes


Alberto 03/19/2010 13:15


Un gran Blog, a muchos geografos les ocurrio lo mismo, animo para seguir con el trabajo.